Juan Pablo Moyano- Universidad Nacional de Colombia
Laura Sofia Mendoza-Universidad Jorge Tadeo Lozano
OPRIC
El 12 de marzo de 2026, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) inició 60 investigaciones bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974 contra la importación de bienes producidos con trabajo forzoso. Tras determinar que 54 economías incumplían estas políticas, Colombia fue incluida en la lista el 2 de junio. Desde el 24 de julio, Colombia y otros 37 países enfrentan un arancel adicional del 12,5%, que se suma a las sanciones de la Sección 232 para sectores como el acero, el aluminio, el cobre y el automotriz. Según Analdex (2026), este sobre-arancel generará un costo adicional de USD 80 millones para las exportaciones colombianas a Estados Unidos.
El anuncio arancelario, hecho a pocos días de la posesión de Abelardo de la Espriella, contrasta con la imagen del nuevo gobierno como aliado estratégico de la administración Trump y pone en evidencia una tensión que va más allá de lo ideológico: Colombia se apresta a volver a mirar al norte como orientación de su política exterior, pero el norte ya le ha enviado una factura. Esta paradoja tiene raíces históricas profundas.
Antecedentes:
Durante la mayor parte del siglo XX, la relación entre Colombia y Estados Unidos se consolidó como una "relación especial" cuya metáfora más duradera fue el respice polum, locución latina acuñada en 1914 por Marco Fidel Suárez que significa "mirar al polo" o hacia la estrella polar (Camacho Arango, 2010). Lo que nació como un anhelo pragmático para asegurar la indemnización del Tratado Urrutia-Thompson tras la pérdida de Panamá se convirtió con el tiempo en el marco simbólico del alineamiento colombiano con Washington. Sus críticos lo intuían desde el principio: el caricaturista Ricardo Rendón retrató la estrella polar de Suárez no como guía trascendental sino como una bolsa de oro, sugiriendo que mirar al norte siempre tiene un precio (Camacho Arango, 2010).
A lo largo del siglo XX ese lema adoptó distintas formas institucionales. Desde la Alianza para el Progreso de la administración Kennedy en los años sesenta, diseñada para frenar la influencia comunista, hasta el Plan Colombia en el gobierno de Pastrana, la relación bilateral se fue consolidando sobre dos ejes: seguridad y narcotráfico. Con Uribe, el conflicto armado fue reencuadrado bajo la doctrina antiterrorista posterior al 11 de septiembre, las extradiciones se multiplicaron y el TLC con Estados Unidos se convirtió en pilar económico, a costa de tensiones con otros socios, como las que derivaron en la salida de Venezuela de la CAN. Santos intentó diversificar orientado por el principio de respice similia de Alfonso López Michelsen, impulsando la Alianza del Pacífico, la normalización con vecinos y el proceso de paz, en coincidencia con el aperturismo de la administración Obama. Con Duque, la agenda retornó a los ejes tradicionales subordinada a la primera administración Trump. Y con Petro el quiebre fue histórico: Colombia adhirió a la Franja y la Ruta de China, restableció relaciones con Venezuela y fortaleció vínculos con la Unión Africana y la Unión Europea, pero tensó la "relación especial" hasta que Washington sancionó al propio presidente con la lista OFAC.
La llegada de De la Espriella representa una nueva encarnación del respice polum. El presidente electo, con ciudadanía estadounidense y respaldo explícito de Trump durante la campaña, y su canciller Omar Bula, identificado públicamente con el movimiento MAGA, configuran un alineamiento que reactiva aquella vieja doctrina. Sin embargo, como advierte Camacho Arango (2010), la convergencia entre Colombia y Estados Unidos ha dependido históricamente más de las dinámicas internas de Washington que de los anhelos de la élite en Bogotá: un lema no es una política, y mirar al norte no garantiza que el norte te mire de vuelta, y menos aún que lo haga bajo los términos que esperan las élites nacionales.
La política arancelaria de Trump como instrumento estructural
Una de las herramientas centrales de la segunda administración Trump es el uso de aranceles como instrumento político. Tras el bloqueo judicial de los aranceles IEEPA y el vencimiento de la Sección 122, el 24 de julio entraron en vigor los aranceles bajo la Sección 301, el mismo instrumento usado en la guerra comercial con China en 2018, que autoriza sanciones por prácticas "injustificables" y que, a diferencia de sus antecesores, no tiene fecha de vencimiento (El Tiempo, 2026).
Esta dinámica enfrenta a tres actores. La administración Trump convierte el acceso al mercado estadounidense en un instrumento de disciplina política denominado "interdependencia armada" (Falkner, 2026), mediante el cual el arancel protege a los productores domésticos antes de las elecciones de noviembre de 2026 y proyecta una agenda hemisférica enmarcada en la Doctrina Donroe (Rodríguez, 2026). Lo sancionado no es el trabajo forzoso en Colombia sino la ausencia de un modelo regulatorio equivalente al estadounidense, es decir, proteccionismo con disfraz normativo (Rangel Jurado, 2026). El gobierno De la Espriella apostó por traducir el alineamiento ideológico en reciprocidad comercial, pero Colombia recibe un trato más oneroso que Ecuador, México y Argentina, países que quedaron en el 10% (AmCham Colombia, 2026). Los exportadores colombianos asumen los costos sin participar en las decisiones, con las flores concentrando el 42,8% de la exposición total y un impacto adicional estimado en USD 80 millones anuales (Analdex, 2026).
Lo que Colombia percibe como dos agendas descoordinadas responde desde Washington a un proyecto hemisférico único, donde la Sección 301 y el Escudo de las Américas funcionan como palancas de la interdependencia armada (Falkner, 2026), un mecanismo al servicio de un objetivo más amplio: la consolidación de un bloque continental libre de influencias externas (Rodríguez, 2026). Comprender esto requiere advertir que la política arancelaria de Trump no opera con una lógica bilateral sino global: afectó a 54 economías, incluidos aliados históricos como la Unión Europea, con independencia de su alineamiento ideológico (Oliver Roomp, 2026). La ceguera radica en creer que el alineamiento genera excepciones, cuando la evidencia muestra que países como Ecuador y Argentina obtuvieron el 10% mediante compromisos regulatorios, no mediante lealtad política (AmCham Colombia, 2026). El respice polum que reactiva De la Espriella reproduce el mismo error histórico de confundir el lema con la política y asumir que orientarse hacia el norte produce automáticamente que el norte se oriente hacia ti (Camacho Arango, 2010).
Tres grietas de un alineamiento sin garantías
Tres tensiones marcarán el curso de esta reconfiguración geopolítica. La primera tensión es la brecha entre lo que el gobierno De la Espriella espera de Washington y lo que Washington efectivamente ofrece hoy. La apuesta asume que la cooperación en seguridad genera reciprocidad comercial, y esa lógica tuvo sustento histórico, pero en el momento actual ninguna concesión garantiza estabilidad frente a una política cuyo objetivo real es el proteccionismo permanente (Rangel Jurado, 2026). Colombia queda atrapada en una asimetría donde las concesiones fluyen en una sola dirección.
En perspectiva histórica, la relación sí registró momentos de complementariedad entre seguridad y comercio. La Ley de Preferencias Arancelarias Andinas (ATPA), creada en 1991, concedió acceso libre de impuestos al mercado estadounidense para productos de Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú a cambio de esfuerzos en la lucha contra el narcotráfico, en sectores que no afectaban considerablemente la industria local estadounidense pero sí representaban una ventaja importante para varios sectores industriales y fuentes de empleo en los países andinos (U.S. Department of Labor, 1999). El Plan Colombia reprodujo esa lógica: aunque fue concebido como una política de seguridad, el Plan Nacional de Desarrollo de la administración Pastrana lo planteó también como un programa de inversión en infraestructura y presencia estatal más allá de la acción militar, con incentivos económicos y reformas orientadas a preparar la economía colombiana para el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (Centro Andino de Estudios Internacionales, 2001; Rojas, 2007). Sin embargo, esa complementariedad no fue el resultado de una relación especial ni de la iniciativa colombiana, sino que existió porque en ese momento histórico la cooperación en seguridad y el acceso comercial eran herramientas mutuamente convenientes para los objetivos hemisféricos de Washington. Hoy la interdependencia armada opera con una lógica distinta, pues Washington puede exigir cooperación en seguridad e imponer simultáneamente un arancel del 12,5%, porque ambos instrumentos apuntan al mismo proyecto hemisférico sin necesidad de que uno compense al otro (Falkner, 2026).
La segunda tensión es temporal. Trump dejará el poder en enero de 2029, cuando la administración De la Espriella irá apenas a mitad de su mandato (Molano Cruz, 2026), y las elecciones de noviembre de 2026 podrían reducir sus mayorías en el Congreso con efectos comerciales y de seguridad. El apoyo bipartidista al combate al narcotráfico ya no está garantizado pues existen dudas sobre violaciones de derechos humanos en operaciones en el mar Caribe por parte del Partido Demócrata y reportes de que las comisiones de apoyo financiero en seguridad no se están reuniendo (Duzán, M. J. (Anfitriona). (2025). Esa fragilidad se agudiza porque los aranceles de la Sección 301 pueden persistir independientemente de quién ocupe la Casa Blanca (El Tiempo, 2026), dejando a Colombia con los costos del alineamiento y sin el interlocutor que lo justificaba.
La tercera tensión es la más profunda. Colombia asume costos internos ciertos e inmediatos: el desmonte de la política de paz, la fumigación aérea y la militarización de la seguridad (González Posso, 2026). A ello se suma la salida de la Franja y la Ruta china, anunciada por el candidato a embajador Nate Morris, quien declaró ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado que el presidente electo le había comunicado su compromiso de retirarse del memorando de entendimiento y que todas las naciones deben escoger entre hacer negocios con Estados Unidos o con China (El Espectador, 2026). Resignar un vínculo con la segunda economía mundial a cambio de una promesa que no garantiza reciprocidad ilustra la lógica central de las tres tensiones: los costos son ciertos, los beneficios inciertos.
La historia del respice polum es la historia de una ilusión recurrente (Camacho Arango, 2010). El arancel del 24 de julio lo confirma: el Estado colombiano fija su estrella en el norte y el norte le presenta una factura. En los intereses estratégicos de Washington, Colombia no es una prioridad sino un instrumento, y el alineamiento de De la Espriella no cambia esa lógica sino que la facilita. Una política exterior que facilita los intereses de otro sin asegurar los propios no es una alianza sino una subordinación. La verdadera coyuntura no es el arancel del 12,5% sino si Colombia tiene la capacidad y la voluntad de reconocer esa diferencia antes de que el costo de no hacerlo sea aún mayor.
Bibliografia:
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Analdex. (2026). Impacto de las medidas arancelarias de Estados Unidos sobre las exportaciones colombianas. Dirección de Asuntos Económicos, Analdex.
Camacho Arango, C. (2010). Respice polum: las relaciones entre Colombia y Estados Unidos en el siglo XX y los usos (y abusos) de una locución latina.
Castillo, C. A. (2026, julio 23). Estados Unidos anuncia un nuevo régimen de aranceles para Colombia y fija el gravamen en 12,5%: ¿Qué cambia para los exportadores? El Tiempo. https://www.eltiempo.com/mundo/eeuu-y-canada/estados-unidos-anuncia-un-nuevo-regimen-de-aranceles-para-colombia-y-fija-el-gravamen-en-12-5-que-cambia-para-los-exportadores-3573311
Duzán, M. J. (Anfitriona). (2025). El Escudo de las Américas aterriza en Colombia [Episodio de podcast de audio]. En A Fondo con María Jimena Duzán. Spotify. spotify.com
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Oliver Roomp, M. (2026). Estado del arte sobre los aranceles en Estados Unidos [Trabajo Fin de Grado, Universidad Politécnica de Madrid]. Universidad Politécnica de Madrid.
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Rojas, D. M. (2007). PLAN COLOMBIA II: ¿más de lo mismo? Colombia Internacional, (65), 14–37. https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/colombia-int/article/view/2594/10345
