Valeria Mejía
OPRIC
En el marco de la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), además del protagonismo de Cuba y formalización del fin del conflicto fronterizo entre Perú y Chile, se rescata la atención dada al proceso de paz colombiano, a pesar de que los temas centrales de la reunión fueran la pobreza y la desigualdad social. En cierta medida, las negociaciones de paz ganaron protagonismo gracias a tres factores, primero, el hecho de que Venezuela, Chile y Cuba hayan ocupado la presidencia pro tempore de la Comunidad y a la vez se desempeñen como garantes o acompañantes de las mencionadas negociaciones. Segundo, el expreso interés del presidente uruguayo José Mujica, quien afirmó antes de que iniciara la Cumbre, que partiría a “Cuba para participar de la cumbre de la Celac con “iniciativas propias” destinadas a acelerar las negociaciones de paz en Colombia, pero sin reuniones pactada con los protagonistas del proceso”[1].
Del mismo modo, Mujica afirmó que las acciones no debían entenderse como una intervención, sino como un apoyo en lo que se necesite, para garantizar el éxito del proceso, ya que la existencia de la “voluntad política” de las partes en conflicto, es solo el primer paso y por tanto no es suficiente. A su vez declaró: “creo que es saludable porque siendo un conflicto de Colombia es una amenaza de continuar como conflicto para toda América Latina. Nosotros en América Latina no necesitamos conflictos armados. Necesitamos paz, trabajo y enfrentar los problemas de miseria y de pobreza que tenemos”[2]. De ahí que, ya sea evidente para la comunidad internacional que el conflicto interno colombiano viene desbordando los límites territoriales, ocasionado perjuicios en los países de la región, por tanto, para frenar este fenómeno, se hace necesario el trabajo conjunto a nivel nacional e internacional.
Y tercero, la Declaración de La Habana donde el acuerdo más destacado es la proclamación de América Latina y el Caribe como zona de paz[3], compromete a los países de la región a trabajar en conjunto para solucionar las controversias y conflictos existentes de forma pacífica, sin considerar el uso de la fuerza. Además, en uno de los numerales de dicha Declaración, los países miembros reiteran el apoyo a los diálogos de paz que se están desarrollando en La Habana; agradecen y valoran la labor de los países acompañantes y garantes e insisten a las partes a continuar el proceso dirigido a poner fin a un conflicto interno que por más de 50 años ha afectado el desarrollo político, social y económico de Colombia.
Entonces, la Celac, como mecanismo de unidad dentro de la diversidad como lo afirmó el presidente cubano, Raúl Castro, fue el espacio ideal para reafirmar el apoyo de la comunidad internacional en la búsqueda de la solución pacífica del conflicto armado interno que ha vivido Colombia. “De allí la idea que la Celac se involucre a futuro en la tercera etapa del proceso de paz, es decir, la fase de implementación de los acuerdos que se podrían firmar”[4]. Por tanto, sería lógico pensar que la organización supervisaría la implementación de los posibles acuerdos, teniendo en cuenta, que en general, el apoyo de la comunidad internacional en cualquier proceso de paz, se visibiliza como un factor importante tanto en el desarrollo de los actuales diálogos como en la instauración de un escenario posterior al conflicto, en el que se tendría que dar cumplimiento a los acuerdos finales entre el gobierno y las FARC.
Así pues, es notable que las conversaciones de La Habana, reanudadas el pasado 3 de febrero, cuentan con una coyuntura internacional favorable, pues la Cumbre permitió ratificar el apoyo de los países de la región y a la vez, dejó entrever la necesidad del mantenimiento de las relaciones de cooperación internacional como una herramienta para garantizar la efectividad de los acuerdos entre el gobierno colombiano y las FARC. Sin embargo, no es para nada absurdo preguntarse, ¿por qué esto se puede leer como un asunto en el que interfiere la cooperación internacional? Pues bien, entre las estrategias planteadas por el gobierno Santos, tanto en el Plan de Desarrollo vigente como en el Estrategia Nacional de Cooperación, se plantea que para Colombia la paz está ligada con la cooperación, usando este eje de la política exterior como medio para prevenir y reparar los efectos del conflicto en la sociedad civil y lograr, tanto durante las negociaciones como en un posible escenario de posconflicto, la construcción de paz en el país. En cierta medida, los Diálogos en La Habana son un asunto de cooperación internacional, pues de debe entender que cooperar no solo significa aportar recursos para la paz, sino que también implica brindar el apoyo necesario a las partes involucradas en el conflicto al generar confianza y seguridad en el desarrollo del proceso, como lo pretende hacer el presidente uruguayo, logrando que en general el proceso se vea revitalizado en espacios internacionales como el de la Cumbre.
[1]La Nación. “Mujica viaja a cumbre de Celac con la mira en el proceso de paz de Colombia”. En: La Nación: Disponible en: http://www.lanacion.com.co/index.php/internacional/item/229224-mujica-viaja-a-cumbre-de-celac-con-la-mira-en-proceso-de-paz-de-colombia Fecha de consulta: 7 de febrero de 2014.
[2]Telesur. “”Pepe” Mujica consideró justo apoyar a Colombia en el proceso de paz”. En: Telesur: Disponible en: http://www.telesurtv.net/articulos/2014/02/01/pepe-mujica-considero-justo-apoyar-a-colombia-en-el-proceso-de-paz-3274.html Fecha de consulta: 7 de febrero de 2014.
[3]Cuba debate. “América latina y el Caribe declarada zona de paz”. En: Cuba debate: Disponible en: http://www.cubadebate.cu/especiales/2014/01/29/america-latina-y-el-caribe-declarada-zona-de-paz-documento/ Fecha de consulta: 7 de febrero de 2014.
[4]MASSÉ, Frédéric. “¿Podría la Celac ayudar al proceso de paz en Colombia?”. En: El Espectador: Disponible en: http://www.elespectador.com/noticias/paz/articulo-402417-podria-celac-ayudar-al-proceso-de-paz-colombia Fecha de consulta: 6 de febrero de 2014.


