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Nicolás Martínez P.Cumbre de las americas
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Había grandes expectativas por la VI cumbre de las Américas generadas desde la industria mediática y las declaraciones de la cancillería colombiana; y aunque para el presidente Juan Manuel Santos esta cumbre haya sido un éxito porque se pudo hablar y debatir, la realidad confronta seriamente su posición.

El hecho que no haya salido una declaración firmada es una fuerte prueba que esta cumbre efectivamente marcó historia, y no tanto como lo intentaba lograr el gobierno y la cancillería colombiana por tocar temas nunca antes tocados, y por tener varias cumbres secundarias; sino porque efectivamente se vio reflejado en este espacio el distanciamiento que existe entre los  países de América Latina; y Estados Unidos y Canadá.

El hecho de que los temas que generaron tantas expectativas fueran relegados y sacados de ‘taquito’ por los dos grandes norteamericanos, provocó la ausencia de consenso, la no declaración final y por ende el inminente fracaso de la Cumbre.

El primer impase fue el reclamo que le hizo al oído Cristina Fernández a Santos cuando le manifestó su molestia por haber olvidado a Malvinas en su discurso del sábado. Este punto es bastante ejemplar para ver cómo entran en conflicto las agendas norteamericanas en América Latina, y en Gran Bretaña. Siempre que Estados Unidos tenga como aliado fundamental al Reino Unido, cualquier declaración panamericana en contra de este último será prácticamente inviable e inexistente. No obstante Obama intentó presentarse como neutral frente a este conflicto, un aspecto tan importante para la política exterior argentina hará que la brecha surgida entre Latinoamérica y Estados Unidos contra la colonización se evidencie cada vez más, sobre todo cuando hay un apoyo por parte de los demás países latinoamericanos a la posición argentina.

El segundo desastre se precipitó cuando el presidente estadounidense Barak Obama con sus palabras tumbó en una sola frase el discurso que había estado manteniendo durante las últimas semanas el presidente Juan Manuel Santos conjunto a algunos mandatarios centroamericanos como Laura Chinchilla y Otto Pérez a favor del cuestionamiento a la tradicional lucha contra las drogas; sólo le basto decir: ‘No estoy de acuerdo con la legalización de la droga’. Si bien era evidente que el tema no se solucionaría en los pocos días que tendría la cumbre, si había expectativa en cuanto a que el tema se empezaría a debatir, y que tal vez tomará un rumbo distinto. Sin embargo, el tema simplemente fue relegado al seno de la Organización de Estados Americanos, en donde es diciente el peso estadounidense. Con esto así, muy probablemente lo que saldrá de esa organización, sea el llamado a combatir las drogas como habitualmente se han combatido, es decir, con un enfoque punitivo en contra del consumo y la producción de las drogas. El tema entonces causo gran desilusión en la medida en que no se trató al más alto nivel diplomático, sino que simplemente se relegó a una segunda instancia, en donde probablemente sea tratado como siempre ha venido siendo tratado.

El tercer desastre fue de nuevo la no inclusión de Cuba dentro de la Cumbre. Aunque muchas personas podrían apelar esto a disputas ideológicas, como tradicionalmente las ha habido sobre todo entre los países del ALBA y los países que no están de acuerdo con su postura; esto parecería ir más allá de ese punto en la medida en países que no se inscriben dentro de los lineamientos políticos del ALBA, estén reclamando incluso la presencia de Cuba dentro de este espacio, la declaración de Sebastián Piñera es bastante ejemplar en este aspecto. La no presencia de Cuba y las palabras dichas por Obama, en cuanto a que sólo si este país trasciende una senda democrática no será vetada de la cumbre, vuelven a aplazar inútilmente la discusión  y la no inclusión que tanto molesta a la mayoría de mandatarios de la región.

Entre otros sucesos que reflejaron el fracaso de la cumbre de las Américas, están la ya dada ausencia de Ecuador, la ausencia sorpresiva de Nicaragua -cosa que hace aumentar la tensión no sólo por parte de los países del ALBA con estos espacios, sino también la tensión de las relaciones de Nicaragua con Colombia-, la salida temprana de Argentina y Bolivia por falta de consenso en temas importantes para ellos, como Malvinas y Cuba respectivamente, y finalmente la nunca concretada reunión bilateral colombo-brasilera por mantener un aparente disgusto de Dilma Rousseff por no haberse discutido los temas espinosos.

Sin embargo, a pesar de lo sucedido no todo pareció ser la hecatombe para Santos. A pesar de que la cumbre no resulto tan exitosa, lo que si resultó triunfante fue el fortalecimiento de las relaciones de bilaterales entre el gobierno estadounidense y el gobierno colombiano. Esto se vio reflejado en dos cosas específicas: La declaración de ambos gobierno en que el TLC empezaría a regir en el mes de mayo, y que la política migratoria estadounidense le haría la concesión de darle visado a los ciudadanos colombianos no ya por 5 años sino por 10.

Mirando todo se puede decir que no hay un rompimiento en las relaciones exteriores de Colombia, sino que,  lo que sucedió hoy, es representativo de lo que tradicionalmente ha llevado Colombia en materia de política exterior. En primera medida, la alineación con la política estadounidense se vio claramente reflejada en materia de cambio de postura con respecto a la lucha contra el narcotráfico. De un momento a otro desapareció el cuestionamiento a la tradicional forma de tratar el problema.  Y en segundo lugar, está el dejar de lado a los vecinos o por lo menos a los países cercanos por no ver perjudicada la relación con la estrella polar.

Como conclusión se pueden ver dos grandes perdedores: primero  fue perdedora la cumbre de las Américas por evidenciar el gran distanciamiento que tiene la región latinoamericana y Estados Unidos en temas controversiales pero de gran impacto diplomático, y por ende el no avance en temas importantes. Con Canadá habrá que esperar si sigue la posición de Stephen Harper pro estadounidense luego de su gobierno, o si Canadá volverá a política exterior liberal tradicional y deja de lado la realpolitik de los conservadores. El segundo gran perdedor es el papel que quería darse Santos como puente entre Estados Unidos y los demás países del hemisferio; en ese sentido Santos no logró consolidarse como intermediario, y el abandono y no asistencia de varios países corrobora que Santos no pudo mantener su malabarismo diplomático, y por ende no pudo concretar su deseo de convertirse en esta reunión en el actor regional de peso. Por el contrario se podría decir que también hubieron dos ganadores. En primer lugar se encuentra la relación bilateral de Estados Unidos con Colombia como ha venido sucediendo desde la época del réspice polum del presidente Marco Fidel Suarez. El segundo gran ganador fue la pomposidad con que fue exaltada la cumbre destacándose acontecimientos como las grandes cenas y dispositivos de seguridad que se tuvieron que replegar durante los días, y la ‘buena cara’ que dio el país al resto del mundo, dejando totalmente de lado el aspecto diplomático, que era tan crítico y fundamental en la reunión.