Nicolás Martinez P.
OPRIC
Muchos artículos de prensa abogan por el triunfo o por el fracaso de la VI cumbre de las Américas que tuvo lugar en Cartagena de Indias los pasados 13, 14 y 15 de Abril, de acuerdo a un sin número de criterios; sin embargo este espacio debe evaluarse en torno a su carácter; es decir, debe evaluarse como un espacio diplomático multilateral, en donde no se debe tener en cuenta la excentricidad, la seguridad, y lo banquetes del evento, sino más bien, las discusiones políticas que tuvieron lugar, y los acuerdos diplomáticos a los que se logró llegar, como en cualquier tema de relaciones interestatales.
Siguiendo este orden de ideas podría evaluarse también si valió la pena gastar –o invertir en palabras de la ministra- los 62 mil millones de pesos[1] que costó la cumbre, o si definitivamente no sólo fue un fracaso diplomático, sino también un desperdicio financiero. En este punto habría que tener en cuenta, como bien dice la ministra, que se hicieron tres cumbres y no una. No obstante, hay que dejar también claro, cuál era la cumbre más importante y de la cual se esperaban resultados, y cuales dos eran las cumbres secundarias y que iban a llevar discusiones a la principal, para que se tomaran decisiones y se lograran resultados.
Tomando las cosas así, parece entonces relevante decir que la VI cumbre de las Américas además de haberle dado la vuelta al mundo por escándalos lujuriosos, no logró convertirse en el gran espacio diplomático en donde se daría la interlocución de los debates que el continente tanto necesitaba, y también en ese espacio exitoso que el gobierno planeaba con tanto animo delante de los medios de comunicación, sino más bien fue un lugar en donde tuvieron lugar desencuentros y el no-consenso frente a los temas álgidos, llegando a ser entonces más que un éxito, un fracaso diplomático para la región que busca en estos espacios consolidarse como un todo o al menos tender hacia una unidad diplomática.
El gobierno encabezado por el presidente Juan Manuel Santos y la canciller María Ángela Holguín, defienden a capa y espada que la cumbre fue un éxito debido a que se discutieron temas importantes y además hubo un dialogo nutrido, a pesar de que no haya habido una declaración final. No obstante estas afirmaciones, acá hay varios puntos que apoyarían el fracaso diplomático que implicó la cumbre en tanto que en los grandes temas diplomáticos, como lo son el tratamiento que se le debe dar al narcotráfico, y la inserción de Cuba en las cumbres, no se logró avanzar efectivamente y por lo tanto se pone en seria duda el éxito de dicha cumbre.
Primero, el tema cubano ya había tenido lugar en la pasada cumbre, y la expectativa era que se debía resolver, al menos, en alguna medida en la cumbre del presente año. Empero, no se logró avanzar nada con respecto al mismo ya que se mantuvo congelada la discusión por el veto de Estados Unidos y Canadá, lo que provocó que los países del ALBA dijeran que no irían a una próxima cumbre sin Cuba. Es decir no sólo se mantuvo parado el tema como ya estaba, sino que incluso se puso en duda la realización de la próxima cumbre, al menos con una parte importante de los países de la región.
Sumado a esto, las declaraciones de María Emma Mejía secretaría general de Unasur cuestionan la no-presencia de Cuba en la cumbre de las Américas. Esto plantea dos cosas, primero que este bloque este conjuntamente de acuerdo al tema como el ALBA, pero por otra parte, Mejía como candidata de Santos en Unasur, plantea un cuestionamiento a como se manejó la cumbre en la medida que, de nuevo, se aplazo la vinculación de la isla al espacio panamericano.
Segundo, el tema de las islas Malvinas tampoco logró ningún avance en la medida en que ni si quiera se abordo. Acá la unidad continental se vio más fragmentada que nunca, y la doctrina estadounidense ‘América para los americanos’ tan citada por el grande norteamericano en numerosas oportunidades para la intervención militar, fue olvidada por completo en este caso. El hecho de que Colombia no haya ni si quiera mencionado el tema como país anfitrión, fue un descalabro diplomático en las relaciones bilaterales con la Argentina.
Tercero, si bien se podría decir que en el tema del narcotráfico se avanzó en la medida en que se delegó a una segunda instancia para que fuera resuelto, el debate político de esta problemática no se dio, sino que simplemente se evadió. El tema terminó designado al seno de la OEA donde será examinado técnicamente, cosa que han hecho innumerables estudios académicos, al contrario de la discusión política que se ha ido aplazando inútilmente y que sólo pueden dar los mismos estados en tanto son los tomadores de decisiones.
Falta ver como se desenvuelven esos estudios técnicos en el seno de aquella organización política. No obstante, si bien es bueno intentar analizar las problemáticas sociales desde una mirada, si se le puede decir científica dura -en donde surge una ‘verdad’ rebelada por los estudios- la creciente tecnocratización de las problemáticas sociales tiende a evitar y marginar cosas tan importantes como los debates políticos e incluso morales alrededor de estos temas; cosa que sucedió en la cumbre de las Américas. Este suceso, ayuda de hecho a cuestionar si realmente la cumbre de las Américas sirvió si quiera para iniciar ese debate, o si solamente se sacó a un lado para encargárselo a la OEA; organismo que tiene un carácter político que no se puede desconocer.
Dejando a un lado los temas diplomáticos multilaterales, otras personas afirmen que la cumbre fue un éxito debido a que se consiguieron logros como el TLC y el visado por 10 años en Estados Unidos; esto que se logró durante la Cumbre de las Américas, no fue parte de la cumbre de las Américas sino, de las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Colombia. No obstante, estos logros también son objetos de varios cuestionamientos en la medida en que el afán de que entrara en vigencia el TLC con Estados Unidos hizo que los legisladores colombianos aprobaran las leyes que requería el tratado en tiempo record, sin debate, y sin discusión, ignorando completamente las posiciones de actores que se ven afectados con dicho tratado, tomando prácticamente a ciegas decisiones que son de gran interés para la economía del país y que requieren un tratamiento delicado por su peso en el interés nacional. Entre estas leyes es ejemplar la llamada Ley Lleras que tiene poco apoyo de la ciudadanía y que más bien tiende a coartar la libertad de los cibernautas[2]
En conclusión la cumbre realizada en Cartagena no parece haber sido un éxito diplomático, ni los 62 mil millones de pesos parecen haber sido una inversión. No sólo porque la cumbre de este año fue en sí un fracaso sino porque incluso se aumentó el riesgo de la realización de la próxima cumbre en tanto no se resolvió el tema cubano, que es el más crítico para existencia de las cumbres en el corto plazo ante la incapacidad de negociación de Colombia que no pudo acercar a las partes encontradas en estos temas y prefirió seguir su lógica de alineación con Estados Unidos. Si este tema se hubiese solucionado al menos en alguna medida, el espacio no estaría tan entredicho.
Por eso Estados Unidos si quiere seguir teniendo influencia en un escenario regional que convoca a todos los países del continente, debe replantear su posición frente a Cuba o de lo contrario esta misma lo llevará a interlocutar cada vez con menos países y en ese sentido perderá peso en las decisiones regionales. Para el 2015 no habrá disculpa electoral a la que se pueda apegar el mandatario norteamericano de ese momento para volver a evadir un tema inaplazable.
[1] Con la plata de una cumbre se hicieron tres, en El tiempo, versión digital
http://www.eltiempo.com/politica/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-11722508.html