Christian Chacón Herrera
OPRIC
El discurso del libre mercado, el afán de promocionar el país como lugar para la inversión, as declaraciones de admiración de los procesos políticos, económicos y sociales de otras latitudes y la falta de diálogo en el interior del país sobre la política internacional de Colombia, no hace más que desdibujar el ya débil concepto de interés nacional.
Y es muy difícil leer éste para el caso colombiano. Se ve al presidente Santos, por ejemplo, muy contento anunciando que se ha avanzado comercialmente para beneficiar al sector ganadero con el fin de competir en China, loable pero insuficiente porque ¿dónde quedan los demás sectores? Y con mucha emoción anuncia un TLC con China sin siquiera haber entrado en fase de estudio ni construir una agenda a nivel local para definir las ventajas y debilidades que este tipo de tratados podría traer consigo. Además, ya tiene encima el resistido TLC con Corea (que se cayó a última hora) y el ya entrado en vigencia con Estados Unidos. La estrategia de libre mercado, importada de los modelos del norte y aplicada a cabalidad en la década de los 90’s, sigue siendo el paradigma que domina el pensamiento comercial e internacional del país.
Ahí es donde radica la dificultad de definir el interés nacional, que se construye a través de ideas foráneas, de tecnocracias que no son prestas al diálogo y que adoptan los modelos extranjeros como efectivos y definitivos. Mirándolo históricamente, Álvarez Zárate apunta que “ante las verdades y diagnósticos “técnicos” sobre nuestras necesidades y realidades expuestos por las misiones (aquí refiere a misiones foráneas como la misión Kemmerer o las ideas de Currie en la mitad del siglo XX) se fomentó aún más la desconfianza sobre las capacidades propias, generando mayor confusión sobre las verdaderas necesidades nacionales y el camino que se debía seguir(…)los diagnósticos de los técnicos no fueron tomados sólo como referentes, sino como íconos de verdades absolutas e indiscutibles, tendencias que se han proyectado hasta hoy, permeando las conciencias nacionales que creen en ortodoxias de mercado liberales”[1]
Por eso la definición de un interés nacional ha dependido y aún dependen de la importación de modelos de afuera, recibidos sin más y adoptados sin un diálogo político puesto que se expresa casi una incapacidad de formulación de un proyecto propio.
Por eso Santos, por ejemplo, le pide a Singapur ser “su guardián” y repite incesantemente que quiere crecer económica y socialmente de la misma manera. Y en China, solicitó a los empresarios que invirtieran en Colombia y además agregó que “"Lo que ha logrado la China y lo que ha logrado Shanghái, en materia de progreso, y de infraestructura, y de todo su sector productivo y su desarrollo, es algo que impresiona a cualquiera" además que “elogió, y dijo preguntarse (refiriendo a Santos) qué necesita Colombia para poder hacer lo mismo”[2] retomando ese afán de buscar modelos de fuera que no se formulan dentro del país ni con un diálogo político.
Tan compleja es la definición de un interés nacional en el país, que al entrar de lleno a jugar en el terreno del libre mercado con dichos tratados, no se tiene en cuenta a los diversos sectores que conforman la sociedad colombiana. Mientras algunos se frotan las manos por el TLC con Estados Unidos (importadores, ganaderos) otros están pasando un trago amargo. "La reducción de la ganancia neta por actividades agropecuarias ocasionaría una caída del 10,5 % en el ingreso total para el conjunto de los hogares campesinos”[3] anuncia un estudio hecho por Planeta Paz y Oxfam.
De esta manera, las disparidades son producto de dos factores: El primero, la falta de diálogo en la construcción de una política internacional que en términos reales edifique un interés nacional al menos cercano a un grueso de la población y, segundo, la importación y aplicación de las ideas foráneas de libre mercado y apertura, por parte de tecnócratas, que no han sido del todo afortunadas y no corresponden a las realidades nacionales
Al final “con la aplicación de las políticas trazadas por los técnicos, el espacio público-político de discusión democrática se limita; así los actores políticos relevantes, los partidos o gremios no participan de la discusión de los temas de interés nacional, ya que estos son tratados aparte y a espaldas de la nación, por expertos de cada subsistema. Esa tendencia lleva a limitar la capacidad de cohesión, lo que incrementa los riesgos para la capacidad de integración social”[4]
Por eso, la construcción del interés nacional en Colombia y formular a partir de él una política internacional coherente a las necesidades del país ha sido un constante fracaso. Otrora, la diplomacia cafetera barría con todos los demás gremios y desde este punto se construyó una agenda exterior, después los aperturistas tomaron la batuta y hoy van por el mundo anunciando tratados de libre comercio que no se discuten en el espacio local. Pero no ha llegado la tribuna de debate de una política internacional incluyente que refleje las necesidades y responda a las realidades de Colombia.
[1] Álvarez Zárate, José Manuel. El interés Nacional en Colombia. Fundamentos filosófico-políticos para su formación y defensa. Universidad Externado de Colombia. Bogotá. 2003. Pp. 90-91
[2] Santos concluyó viaje oficial a China buscando inversores en Shanghái. Tomado de Elespectador.com Edición Digital. http://www.elespectador.com/noticias/politica/articulo-345427-santos-concluyo-viaje-oficial-china-buscando-inversores-shanghai Consultado el 12 de Mayo de 2012.
[3] El 70% de los campesinos bajará ingresos por culpa del TLC. Tomado de Portafolio.co Edición digital. http://www.dinero.com/negocios/articulo/el-70-campesinos-bajara-ingresos-culpa-del-tlc/150953 Consultado el 15 de Mayo.