Nicolás Martínez P.
OPRIC
El cambio en las relaciones bilaterales entre Colombia y Venezuela fue radical con la llegada del presidente Juan Manuel Santos en el 2010 a la casa de Nariño. No sólo restableció las relaciones con el vecino país sino que sostiene una relación bastante empática con el mismo, cosa que ha llevado que muchos medios de comunicación llamen a los mandatarios de ambas naciones ‘los nuevos mejores amigos’.
Esto es producto de la manera como el gobierno de Santos ha decidido manejar la política exterior con los otros países. A diferencia de Uribe, el tratamiento de las relaciones internacionales por parte del nuevo gobierno se aleja notablemente de la polarización y la ideologización, y ha tenido un rumbo mucho más técnico y menos personalista, cosa que ha llevado a que las relaciones con otros estados hayan mejorado, particularmente con los países vecinos.
Esto se evidencia en el tratamiento de los diferentes temas de la agenda internacional colombiana, uno de los cuales es la permeabilidad internacional que ha tenido durante los últimos años el conflicto amado que vive el país, como por ejemplo sucedió con el caso del bombardeo a Sucumbios.
Mirando las cosas así, es muy probable que si Uribe siguiera en la casa de Nariño hubiera calificado como cómplice al gobierno venezolano del ataque perpetrado por las FARC al ejercito el pasado 21 de Mayo y que cobro la vida de 12 soldados. Efectivamente por esos días afirmó que ‘la dictadura venezolana’ era refugio para terroristas de las FARC. Actitud muy distinta al gobierno Santos que buscó al gobierno venezolano para que le ayudara a combatir a los guerrilleros que habrían atacado partiendo desde territorio venezolano y volviendo al mismo.
Se ve entones una cooperación por parte de los dos gobiernos: Venezuela se comprometió con reforzar la frontera con 3000 uniformados de su ejército y además ha capturado a 10 personas de nacionalidad colombiana presuntas autoras del ataque al ejército. Colombia por su parte también se ha comprometido en combatir a las llamadas bandas criminales cuyas rutas de narcotráfico pasan por Venezuela.
Todo esto contrasta también con las críticas por las buenas relaciones entre ambos gobiernos, no sólo hechas desde la cuenta de Twitter de Álvaro Uribe, sino también desde el ex candidato presidencial venezolano Diego Arria quien afirma que jamás se podrá combatir el narcotráfico y tampoco a las FARC, si se tiene en cuenta que el ministro de defensa venezolano ha tenido vínculos con esa guerrilla; declaraciones similares ha hecho el actual candidato a la presidencial venezolana Enrique Capriles.
Esto entonces pone como reto a ambos gobiernos que se haga un plan serio de cooperación militar y que no se haga solamente durante momentos críticos como estos ataques al ejército colombiano. Es pues ésta una de las afirmaciones hechas por la ONG venezolana ‘Control ciudadano para la seguridad, la defensa y las fuerzas armadas’ quien critica a ambos gobiernos por no hacer un plan de cooperación serio y de largo plazo, sino que por el contrario se haga a partir de llamadas telefónicas hechas por incidentes ocurridos.
Este suceso también se debería poner en la agenda planteada para el organismo de Unasur que se encargara de la cooperación en temas de seguridad, el cual fue planteado hace tan sólo un par de semanas, y que espera estructurarse definitivamente en el mes de Junio.
Esto acarrea dos cosas importantes: Primero que se le asigne un determinado tratamiento a esta guerrilla por parte del organismo regional. El hecho de que las FARC haya sido caracterizada como actor beligerante hace tan sólo un par de años por el gobierno venezolano y que ahora éste mismo esté dispuesto a combatirla como ha querido mostrar el presidente Chávez a través de la realización de cooperación a petición de Santos, tiene varias implicaciones en el tratamiento que se le está dando al conflicto armado colombiano en el nivel internacional. Faltaría ver cuál será la posición sentada desde ese organismo, teniendo en cuenta que reúne a todos los países de la región.
Segundo que el conflicto armado colombiano sea reconocido como una situación que afecta la seguridad de los países de la región, particularmente a los países vecinos, y por ende que sean vitales las actuaciones a nivel regional para ayudar a solucionar dicho conflicto desde Unasur.
Cómo es evidente, el conflicto armado colombiano no es un tema fácil, y menos cuando se trata en relaciones internacionales porque corre el riesgo de ser un asunto que implique ‘injerencia de otros países dentro de la política interna colombiana’; no obstante se ve al gobierno Santos mucho más abierto a este tipo de propuestas a diferencia del gobierno Uribe. Lo que resta por ver es si efectvamente este tema se tomara en el nuevo organismo de seguridad de Unasur como importante, y si se logra desde dicho organismo una actuación relevante que ayude a sacar a Colombia de dicho conflicto.