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Balance Santos multilateralismo y comercio exterior

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Nicolás Martínez P.Alianza Pacifico
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La Alianza del Pacífico es un proyecto de integración económica que reúne a Chile, Perú, Colombia y México. Inicialmente fue impulsado por el entonces presidente Alan García invitando a los países mencionados conjunto a Ecuador, país que rechazó[1], y fue concretado el pasado 6 de Junio mediante la firma de un Acuerdo Marco en la IV cumbre Alianza Pacífico llevada a cabo en el desierto de Atacama en Chile en donde los países miembros concretaron unos acuerdos e hicieron unas negociaciones para alcanzar un objetivo preciso: Alcanzar la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas dentro de la Alianza. Todo esto también para poder proyectarse a las economías de Asia-Pacífico.

Este acuerdo define los requisitos de participación de los países que quieran integrarse a la Alianza, los objetivos de la misma y los medios para alcanzarlos.  Como posibles nuevos integrantes se encuentran países como Panamá y Costa Rica que en estos momentos se encuentran como observadores.

Lo único que les hace falta es concretar Tratados Comerciales con todos los países miembros ya que ese es un requisito para la admisión dentro del nuevo grupo económico. Dadas las cosas así, las negociaciones de Colombia con Panamá alrededor de un tratado comercial se vuelven a reanudar luego de haberse roto en 2010 por un desacuerdo respecto a la zona de Colón en el Canal de Panamá. También se reanudan otros acuerdos comerciales por ejemplo entre México y Panamá.

Las ventajas resaltadas por muchos medios de comunicación y en particular por el gobierno son muchas en tanto el bloque económico entraría incluso a participar en el comercio internacional en una proporción mayor que el MERCOSUR ya que los países miembros recogen más del 50% del comercio de América Latina. Muchas otras ventajas del bloque  mencionadas son que esto representa 850’000 millones de dólares en comercio, que el mercado representa ‘200’ millones de consumidores y que esto representa a su vez el 34% del PIB de América Latina.

La caracterización de la Alianza Pacífico tiende entonces a articularse alrededor de la neutralidad en tanto no tiene un carácter político, sino que tiene un carácter netamente económico, que además tiene acompañada la creencia que inmediatamente se producirá un efecto positivo en las economías que participan de dicha integración, como un impulso y un crecimiento. Es un juego donde está la lógica de ‘ganar-ganar’, debido a que hay una creencia que la liberalización comercial e integración económica trae inmediatamente beneficios en todos los sectores de la Economía.

En palabras del ministro Díaz-Granados “de manera que a mayor desarrollo económico por la vía de los negocios y la inversión podamos generar empleo, y contribuir a erradicar la pobreza (…) más acuerdos comerciales se logre un mayor crecimiento, disminución de la pobreza y generación de más puestos de trabajo (…) Es una señal importante a América Latina, en el sentido de que la integración regional y la apertura de mercados es el camino correcto para asegurar mayores volúmenes de inversión, de intercambio comercial y de crecimiento”[2] Otras declaraciones de periodistas acompañan esta posición ‘Venezuela, Argentina y Cuba, en Latinoamérica, quedarán para continuar amarrando alianzas con un contenido político o “politiquero”, pero el ambiente proclive a negocios dentro del espíritu de ganar-ganar va a encontrar un mejor asidero en países con un historial económico compatible y con vocación expansiva.[3]

No obstante esta pretensión de neutralidad en la integración económica, se ven matices alrededor del paraíso planteado desde este tipo de discursos. Primero porque no se mencionan los posibles sectores económicos de cada país que se puedan llegar a ver afectados con este tipo de propuestas como sucedió con una base considerable de campesinos frente al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, o como incluso sucedió mucho más atrás luego de la iniciación de la apertura económica con Cesar Gaviria. Segundo porque no hay una presentación de otras desventajas que también acarrean ciertos tipos de integración económica como que sean más fácilmente contagiables las crisis financieras, o de los mercados bursátiles. Acá hay que tener en cuenta que Colombia, Perú y Chile tienen de hecho sus bolsas ya integrados en el Mercado Común Latinoamericano MILA, y que México espera para adherirse al mismo. Y tercero porque si bien estos procesos tienden a ser caracterizados como procesos netamente económicos, claramente reflejan una cierta posición política y un cierto programa de gobierno.

No es raro por ello que los primeros países que integran la Alianza por el Pacífico tengan unos presidentes que defienden una apuesta por el libre mercado como Sebastián Piñera, Felipe Calderón, y Juan Manuel Santos, o que hayan sido una decepción para otros bloques como Ollanta Humala. Tampoco es raro por ello que Rafael Correa no haya aceptado insertarse en dicho bloque. Cabe también rescatar la crítica hecha desde el Latinobarometro ‘"Estas nuevas iniciativas que intentan mayores grados de integración no son negativas, pero son creadas con cierta improvisación o grado de ansiedad por hacer cosas que no necesariamente están bien pensadas a largo plazo"[4]

La idea anterior se puede acompañar también de otras declaraciones del ministro de comercio en donde se alude al gobierno argentino o venezolano en la medida que tienen proyectos político-económico distintos a los que integran el bloque de la Alianza Pacífico ‘(los países integrantes de la Alianza Pacífico) se caracterizan hoy por ser grandes receptores de inversión extranjera, gracias a las reglas claras que brindan a los capitales extranjeros. Esta seguridad jurídica ha despertado gran interés de las economías asiáticas por llegar a América Latina. Colombia, México, Chile y Perú son receptores de cerca de USD 53 mil millones en IED’[5]

La Alianza Pacífico resulta ser así entonces un reflejo de aquellos gobiernos que lo integran, y que tienen una apuesta por el Libre Mercado, y que por lo tanto poner mayor esfuerzo en dichos procesos que si bien tienen un carácter económico, también reflejan una apuesta política de estos países que dista de tener ser discurso económico ‘neutral’ que dice que beneficiara a priori a todas las naciones que participen de él.