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Balance Santos multilateralismo y comercio exterior

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Andrea Caterine Solórizano

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Después de varias negociaciones frustradas entre el gobierno de Venezuela y la oposición, como la mesa desarrollada en Santo Domingo en 2016 y el proceso de Barbados en 2019, surge el anuncio de una nueva negociación en México con mediación de Noruega y Estados Unidos con el propósito de superar la crisis del país caribeño[1] a través de un acuerdo nacional.

 

En primera medida, es importante resaltar la continuidad metodológica con la negociación en Barbados, varios ápices de la mesa de negociación planteada para 2021 parten de este proceso iniciado en 2019, sin embargo, las condiciones políticas de ambos periodos son sustancialmente diferentes, de ahí que se esperen resultados diversos. En suma, aunque ambas partes han hecho manifiesto el interés en el dialogo, es necesario aclarar que las bases sobre las negociaciones no son inminentes y que si bien hay un ambiente optimista frente a la negociación, crear altas expectativas no responde a un principio de realidad y podría ser contraproducente.

 

 

Por otra parte, el panorama de archipiélagos ideológicos ya ha empezado a vislumbrase, la fragmentación de opiniones sobre las negociaciones es amplia: un sector rechaza otro proceso de negociación con Nicolás Maduro y su cúpula, arguyen que no se trata de un mecanismo de negociación sino más bien de una herramienta para la estabilización del régimen. En contraposición, un sector de posición maximalista, considera la mesa de diálogo como un todo o un nada, esto es, la rendición completa, sino mayoritaria de un actor político. Por su parte, el último bloque considera que la negociación podría ser una herramienta capaz de generar ganancias concretas tanto para la oposición como para la ciudadanía.

 

 

En función de lo planteado se suman las demandas de ambas partes: la oposición en cabeza de Guaidó plantea un acuerdo que incluya un cronograma de elecciones generales con todas las fuerzas políticas opositoras y del oficialismo, la liberación de detenidos y la aplicación de justicia transicional, entre otros aspectos[2]. Por su parte, Maduro condiciona la negociación con base en tres puntos:el fin de las sanciones financieras encabezadas por Estados Unidos, el reconocimiento del Parlamento controlado por el chavismo y  la devolución de cuentas bancarias y activos a las instituciones[3].Además, reclama el cese de supuestos planes que buscan derrocarlo: “que esa oposición extremista renuncie al camino del golpismo, del intervencionismo y de llamar a invasiones contra el país”[4].

 

Teniendo en cuenta estas aclaraciones, permítanme expresar a continuación algunas de las razones por las cuales la oposición y el gobierno venezolano desean confluir en una negociación.

 

En primer lugar, Maduro siente la presión sobre sus hombros, las sanciones financieras pesan sobre el bloque chavista, el embargo petrolero, el control de Citgo, (la filial de la estatal petrolera PDVSA en Estados Unidos) a cargo del gobierno interino de Guaidó y la misérrima imagen del oficialismo ante la comunidad internacional profundiza la preocupación del actual gobierno en Venezuela. No obstante, la oposición también se encuentra en un maremágnum de aprietos, su incapacidad de consolidar acuerdos y generar una agenda conjunta ha llevado a considerarles como un actor político incapacitado para dar frente a la situación, a ello se le suma la decisión de no participar en las últimas presidenciales y parlamentarias ante lo que consideraban un fraude por parte del gobierno, esto, luego de haber aceptado participar en dichas elecciones a espaldas de Juan Guaidó en negociaciones secretas con Maduro por medio de la formula Capriles-Stalin[5].

 

En este orden ideas, el calendario electoral es una necesidad apremiante, notablemente más para la oposición que para el chavismo; para los primeros es el único camino facultado para recuperar terreno político con miras a unas hipotéticas elecciones presidenciales dadas las condiciones de inercia de la movilización social. Los segundos, en búsqueda de un reconocimiento gubernamental legítimo tanto nacional como internacional con objeto de mantener el poder a través de los comicios regionales previstos para noviembre. A todo esto se le suma una presión mayor a la oposición, en la medida en que la negociación no es solo con el chavismo, sino también entre ellos y con aliados estratégicos internacionales.

 

En consecuencia, podemos observar que una opinión simplificada como la de Iván Duque en 2019 frente a los diálogos entre el gobierno y la oposición en Venezuela puede estar desprovista de las razones antes expuestas y por tanto, no aportar desde ninguna arista al desenlace de la crisis que vive Venezuela: “yo lo que creo es que esos espacios de diálogo en Barbados son simplemente una estrategia dilatoria del dictador, como lo han empleado en distintas ocasiones, para ganar tiempo y quitar presión sobre su conducta por parte de la comunidad internacional"[6]. Aunque hasta el momento no hay ningún pronunciamiento del presidente de Colombia sobre las nuevas negociaciones entre la oposición y el oficialismo de Venezuela en 2021, se espera que su opinión no sea un contrasentido respecto a lo anunciado sobre Barbados en agosto de 2019.

 

Debe señalarse por tanto, que la posible consideración por parte del partido de gobierno colombiano en la cual la negociación es inviable y hace parte de una estrategia de Nicolás Maduro para ganar tiempo y quitarse presión de la comunidad internacional es desprovista de un análisis integral de las consideraciones, demandas y estrategias de la oposición para con la realidad del pueblo venezolano en tanto hay una urgencia de atender la situación del país caribeño, que de cualquier forma debe matizarse, ya que, como se mencionó anteriormente, la idealización de la negociación sería un perjuicio.

Sin embargo, sus declaraciones podrían acarrear efectos negativos tanto para Venezuela como para Colombia, por ejemplo, la profundización y prolongación de la crisis migratoria, además de retrocesos en el relacionamiento en materia de política exterior con Estados Unidos dado que Joe Biden se encuentra alineado con las negociaciones y las condiciones actuales de Colombia en materia de derechos humanos y del proceso de paz no favorecen el horizonte, es decir, no apoyar a su aliado principal sería un paso diplomático y financiero hacia atrás.

 

Otros opiniones, como las de Ronal Rodríguez, politólogo, profesor e investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, apuntan a que Colombia debe desarrollar el papel que jugó Venezuela en la negociación de paz colombiana: “Colombia es un actor que genera confianza a la oposición venezolana, y que puede ayudar a llevarla a sentarse a la mesa, así como, en su momento, Venezuela jugó un papel importante para que el actor armado se sentara a negociar”[7]

 

Cabe considerar, por otro lado, la posibilidad de recuperar la labor del Grupo Contadora, una instancia multilateral creada en 1983 entre Colombia, México, Panamá y Venezuela para promover la paz en Centroamérica[8]. Allí, Colombia ejercía una función diplomática fundamental para la solución de controversias que comprometían la paz a nivel latinoamericano. De ahí que retomar el ejercicio de este mecanismo de concertación política pueda ser un camino alterno ante la actual incertidumbre sobre la participación en las negociaciones del 2021 entre el oficialismo y la oposición en Venezuela.

 

Por otra parte, el dedo acusador de Iván Duque hacia Venezuela como auspiciadora del terrorismo trasnacional[9] podría suscitar efectos en dos vías: en primer lugar, se generaría una disminución considerable en la legitimación del proceso de negociación y gestaría la posibilidad de torpedear el dialogo, la segunda vía, por su parte, podría ocasionar más presión sobre el régimen de Maduro. De cualquier modo, el desarrollo de un camino u otro dependerá de la consideración de Estados Unidos ante dichas declaraciones.

 

En suma, a los países señalados como patrocinadores del terrorismo, se les prohíbe exportar o vender armas, ciertas exportaciones que también mejorarían sus capacidades militares son controladas y se les restringe la asistencia económica. Tampoco pueden acceder a los préstamos del Fondo Monetario Internacional y otras instituciones[10], efectos que profundizarían la crisis y por ende, el proceso de dialogo sería más complejo. Además, esta es una posición que viene acompañada con objeto de deslegitimar los procesos sociales y movilizatorios en Colombia.

 

 

En conclusión, la especulación sobre las negociaciones debe suprimirse a cambio de unos indicadores que permitan un análisis eficaz de la coyuntura, proponemos tener en cuenta el desarrollo y trabajo de actores de la sociedad civil organizada, el cumplimiento de los derechos humanos, las señales que el gobierno envié en cuanto a disposición de ceder parte de su control hegemónico sobre el entramado institucional, el nivel de reconocimiento internacional (sobre todo de las potencias mundiales) hacia la oposición y al oficialismo, por último, la capacidad y herramientas de ambos actores para controlar los aspectos esenciales de un Estado.

 

 

Sin embargo, algunas consideraciones que debería tener en cuenta la oposición para la negociación es una cohesión entre sus estructuras políticas que le permitan construir una agenda conjunta para la avanzada, tanto en términos políticos como en los mecanismos para alcanzar sus objetivos, por ejemplo, debe existir una posición clara respecto al referendum revocatorio y las elecciones de alcaldes y gobernadores del 21 de noviembre.

 

 

Con relación a Colombia, el país deberá transformar su estrategia de política exterior de mano dura sin dialogo a estas nuevas estrategias de negociación si desea que sus intereses domésticos sean efectuados. En añadidura, las acciones públicas encaminadas a desestabilizar el régimen de Maduro a la fuerza, dejan en el destierro el liderazgo regional colombiano y profundiza la ya deteriorada política exterior, además, genera efectos aislacionistas con gobiernos y organismos multilaterales en términos económicos y políticos. Por tanto, es fundamental que el país respalde las negociaciones entre la oposición y el gobierno venezolano, de lo contrario, Colombia se quedará por fuera del ajedrez diplomático.

 


[1] El País. (30 de julio, 2021). “Gobierno y oposición de Venezuela se preparan para negociar en México”. Recuperado de: https://elpais.com/mexico/2021-07-31/gobierno-y-oposicion-de-venezuela-se-preparan-para-negociar-en-mexico.html

[2] La República. (12 de mayo, 2021). “Líder opositor de Venezuela Guaidó pide levantamiento progresivo de sanciones de EEUU”. Recuperado de: https://www.larepublica.co/globoeconomia/lider-opositor-de-venezuela-guaido-pide-levantamiento-progresivo-de-sanciones-de-eeuu-3168805

[3] El Tiempo. (28 de mayo, 2021). “Maduro pide el levantamiento de sanciones para negociar con opositores”. Recuperado de: https://www.eltiempo.com/mundo/venezuela/maduro-pide-el-levantamiento-de-sanciones-para-negociar-con-opositores-591499

[4] Infobae. (15 de mayo, 2021). “Nicolás Maduro ahora condiciona las negociaciones con Juan Guaidó”. Recuperado de: https://www.infobae.com/america/venezuela/2021/05/15/nicolas-maduro-ahora-condiciona-las-negociaciones-con-juan-guaido-a-recuperar-citgo-y-los-fondos-congelados-de-venezuela-en-el-exterior/

[5] DW. (01 de junio, 2021). “Venezuela: opositores se enfrentan ante nuevo proceso de negociación”. Recuperado de: https://www.dw.com/es/venezuela-opositores-se-enfrentan-ante-nuevo-proceso-de-negociaci%C3%B3n/a-57747991

[6] El Nuevo Siglo. (07 de agosto, 2019). “Duque ve inviable diálogos en Venezuela”. Recuperado de: https://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/08-2019-duque-ve-inviable-dialogos-en-venezuela

[7] DW. (27 de mayo, 2021). “Negociaciones en Venezuela: el imperativo de dialogo”. Recuperado de: https://www.dw.com/es/negociaciones-en-venezuela-el-imperativo-del-di%C3%A1logo/a-57694599

[8] Tello, M. (s.f). El Grupo de Contadora frente a los medios de solución pacífica de controversias. Obtenido de: DialnetElGrupoDeContadoraFrenteALosMediosDeSolucionPacifi-5084788.pdf

[9] El Espectador. (26 de julio, 2021). “¿Qué implicaría para Venezuela ser declarado país patrocinador del terrorismo?”. Recuperado de: https://www.elespectador.com/mundo/america/ivan-duque-le-pide-a-ee-uu-declarar-a-venezuela-pais-patrocinador-del-terrorismo-que-significa/

[10] Ibid. (26 de julio, 2021).