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Nestor Camilo Carvajal

Andrea Camila Pereira

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Tras un inicio de año marcado por la densa situación de orden público en la frontera de Arauca, gracias a los enfrentamientos entre el ELN y el frente Décimo de las disidencias de las FARC, el domingo 16 de enero el presidente Duque y su ministro de defensa, Diego Molano, instalaron un consejo de seguridad en la zona que busca reforzar las acciones de la Fuerza Pública. Esta región ha sido la manzana de la discordia desde hace décadas al ser una de las principales rutas del narcotráfico que sale por Venezuela controlada por el ELN y las disidencias, las cuales hasta hace poco coexistían en relativa paz. La zona de frontera ha sido un tema polémico durante los últimos años debido a la presencia de estos grupos armados y su aparente relación con el gobierno de Maduro, aunque esté ha negado su relación e incluso las fuerzas de seguridad venezolanas han perseguido a estas organizaciones causando violaciones a los derechos humanos investigados por la CPI[1].

 

 

Entre toda la discordia en la frontera llanera con Venezuela, el 14 de enero el ministro de defensa colombiano, Diego Molano, señaló la posible presencia de militares rusos en Venezuela, y aunque resaltó que es un tema que debería manejar la Cancillería, ha dejado en claro que la Fuerza Pública está lista para garantizar la seguridad en la frontera[2]. Esta no es la primera vez que el ministro Molano se refiere a un tema de política exterior desde una polémica perspectiva de seguridad pues hace unos meses, después de una visita con el presidente Duque en Israel, se pronunció afirmando que Colombia comparte un “enemigo común”, Irán y Hezbolá, una declaración que levantó bastantes críticas al asumir a Irán, un país que tiene relaciones diplomáticas con Colombia, como un “enemigo”, y que luego fue retractada por Duque al recalcar que “Colombia no usa la palabra enemigo para referirnos a ningún país. Nosotros no usamos la palabra enemigo para hablar de ninguna nación.”[3]

 

Las declaraciones de Molano sobre tropas rusas en Venezuela se dan unos días después de que el vicecanciller ruso, Sergei Ryabkov, señaló que no descarta un despliegue militar en Venezuela y Cuba[4], ante la escalada de tensiones entre su país y Ucrania que ha involucrado un tenso ambiente geopolítico entre “occidente” es decir, los Estados Unidos, la OTAN y la UE con Rusia. A continuación, se hará un breve abordaje de la situación geopolítica en torno a Ucrania que ha protagonizado Rusia y la OTAN, y de la forma en la que Colombia ha proyectado su papel internacional en medio de un nuevo ajedrez geopolítico, seguido, se abordará la forma en la que los factores internos de la política exterior han marcado las acciones y el lugar que Colombia busca ocupar, a través de las desatinadas declaraciones del Ministerio de Defensa, finalmente se señalan algunas conclusiones en torno al papel del gabinete de defensa y el protagonismo de la idea de “seguridad” en la política exterior colombiana y su tratamiento poco diplomatico.

 

El Escenario Geopolítico: Rusia y “Occidente” sobre Ucrania

 

La disputa geopolítica entre Rusia y “occidente” sobre Ucrania podría rastrearse hasta 1991, el fin de la Guerra Fría, cuando las antiguas repúblicas soviéticas se independizaron y se firmaron los acuerdos de la reunificación alemana, momento en el cual señaló Gorbachov que los Estados Unidos y occidente prometieron la no expansión de la OTAN hacia el este, promesas que nunca fueron documentadas pero que parecen marcar las relaciones entre Rusia y la alianza transatlántica, pues a pesar que luego de su independencia los países ex-soviéticos se agruparon en la “Comunidad de Estados Independientes” (alianza que incluía a Rusia), Estados como Hungría o Polonia comenzaron a buscar la adhesión a la Unión Europea y a la OTAN, comenzando el proceso de expansión de la OTAN en el este europeo. Con la entrada de Hungría, Polonia y la Rep. Checa en 1999 a la alianza transatlántica, la OTAN siguió expandiéndose a pesar de la notable molestia rusa, en 2004 acepto a Bulgaria, Rumanía, Eslovaquia, Eslovenia y los países Bálticos de Estonia, Letonia y Lituania ocupando militarmente la antigua zona de influencia rusa en el Báltico y el mar negro[5].

 

 

En 2008 Ucrania solicitó unirse a la alianza occidental, pero su membresía se ha ido retrasando debido a las presiones de Rusia que consideraba su entrada como una “amenaza directa” a la seguridad rusa y la llegada al poder del líder prorruso Yanukovich en 2010 que decidió rechazar el pacto de entrada a la OTAN y desencadenó las protestas del Maidán terminando en su destitución en 2014 por los manifestantes opositores[6]. También en 2014 Rusia apoyó un plebiscito separatista en la estratégica península de Crimea, luego del cual anexionó el territorio y siguió apoyando de manera soterrada a los movimientos separatistas, aquellos que llevan algunos años con el control de la región ucraniana. Por su parte, la OTAN ha prestado apoyo militar modesto pero constante a Ucrania, lugar donde la tensión queda latente y se reactiva cada cierto tiempo.

 

 

Cabe recordar que las agresiones en el Este de Ucrania se habían disminuido desde el acuerdo de Minsk II en 2015 que planteaba un cese al fuego parcialmente cumplido por las partes. Desde entonces no se había registrado un peligro real de confrontaciones hasta ahora que la tensión se reactivó debido a la movilización de tropas rusas a la frontera con Ucrania, a raíz de esto el país exsoviético en diciembre de 2021 alertó a occidente sobre una posible invasión rusa[7] lo que generó la movilización de fuerza militar de la OTAN en algunos países miembros de la misma, aunque sin haber movilización hacia Ucrania. La situación desde el mes pasado mantiene en expectativa a Europa y el mundo sobre los posibles acuerdos a los que lleguen las partes, por un lado, Rusia solicita a la OTAN y a Estados Unidos frenar su expansión hacia el Este de Europa incluyendo la entrada de Ucrania y revocar la membresía de los países Bálticos y Polonia, país con el cual Bielorrusa (territorio aun bajo influencia rusa) se encuentra en constantes disputas por el flujo migratorio que según Polonia “desestabiliza al país”. Por otro lado, occidente le solicita a Rusia desescalar la tensión en la frontera con Ucrania sin ceder en la posibilidad de la membresía de esta, dos puntos en colisión que no han llegado a ningún acuerdo a pesar de haberse reunido el 12 de enero y de buscar futuras conversaciones[8].

 

 

Por un lado las intenciones de Rusia parecen apuntar a reestablecer su antigua zona de influencia sobre las republicas exsoviéticas y limitar el alcance de la OTAN en el báltico y el mar negro, básicamente busca regresar a formar líneas rojas de su influencia exclusiva. Es entendible que Rusia no desee que potencias occidentales puedan acceder a un despliegue militar tan cerca de sus fronteras, pero también deja en entredicho el futuro de Ucrania que parece tan solo el escenario de una disputa geopolítica con muchos rasgos de la Guerra Fría; por otro lado, las intenciones de la OTAN parecen buscar apoyar a Ucrania, pero ceder a las peticiones del presidente Putin dejaría muy mal posicionada a la organización y a los Estados Unidos. Sin embargo, en medio de este ajedrez que se desarrolla en el este de Europa ¿en qué lugar se encuentra Colombia?, ¿Por qué el ministro de defensa ha señalado la presencia de tropas rusas en Venezuela y que significa esto para el papel internacional de Colombia?.

 

 

Si leemos la situación de Ucrania en términos de la geopolítica actual es posible evidenciar el papel de las potencias en Latinoamérica. Ucrania hacía parte de la influencia soviética y desde su independencia Rusia no se ha retirado del todo, lo que convierte a ese territorio en un punto estratégico del vecindario ruso, la presencia estadounidense y de la OTAN en su zona de influencia ha molestado a Rusia que ha respondido de forma agresiva al tomar Crimea en 2014. Por su parte Rusia no niega el posible despliegue de tropas en su aliado más importante en Latinoamérica, Venezuela, como una forma de “demostrar” que si occidente puede incidir en su zona de influencia, Rusia también puede hacerlo en el “patio trasero” de Estados Unidos[9]. En ese juego geopolítico, se inserta Colombia como el principal aliado estadounidense en la región, que ha promovido la presencia[10] y apoyo militar estadounidense y es el contrapeso político y diplomático de Venezuela en la zona, respaldando al régimen autoproclamado frente al de Nicolás Maduro.

 

 

El papel que, en el gobierno Duque, busca desempeñar Colombia es el de principal aliado de los Estados Unidos, no solo apoyando las votaciones de la ONU en temas históricos como el embargo en contra de Cuba o las sanciones contra Venezuela, o quedándose en silencio ante los juegos geopolíticos de las potencias, sino asumiendo una posición que construye “enemigos” y “amigos”, como lo demostró con Irán y Rusia. Principalmente cuando se habla de Venezuela, Colombia ha adoptado una posición confrontativa y se ha tratado de convertir a través de la estrategia del “cerco diplomático” en el líder del cambio “democrático” en Venezuela a partir del reconocimiento y apoyo al opositor Guaidó como presidente interino, acción que a su vez coincide con los intereses de los Estados Unidos que buscan disminuir la influencia Rusa y China cercana al régimen de Nicolas Maduro en Venezuela.

 

 

En este ajedrez de la geopolítica, los dos principales aliados en Latinoamérica de las potencias, Rusia y Estados Unidos, se ven enfrentados constantemente, y Colombia ha adoptado bastantes posiciones “controversiales” por razones que parecen solo buscar “quedar bien” con sus aliados. A partir del tema de Venezuela y la influencia rusa y china en Latinoamérica, parece que la “seguridad” ha tomado un nuevo protagonismo en la política exterior, y aunque este tópico de vital importancia debería ser abordado de manera diplomática de cara a mantenerse en un posición conciliadora y consciente de la situación, el gobierno de Iván Duque ha optado por darle un abordaje militar que resalta la figura de su ministro de defensa, Diego Molano, el cual se ha caracterizado por sus desatinadas declaraciones que parecen buscar un protagonismo poco estratégico, cuando hablamos de cuestiones tan fundamentales como el juego geopolítico entre potencias.  

 

Diego Molano: declaraciones controversiales desde el Ministerio de Defensa

 

La gestión de Diego Molano, ministro de Defensa de Colombia desde el 2021, presenta frecuentemente numerosas críticas, pues cada semana se rodea de nuevos escándalos y controversias donde fiel a su “estilo combativo” incoherente[11], prefiere atacar y polarizar, tratando así de darle peso a sus declaraciones; es así como en la actualidad Molano se convirtió en el ministro peor calificado por los líderes de opinión, presentando una tasa de aprobación muy baja para una cartera que estando a cargo de la Fuerza Pública debería tener una mayor a solo un 27%[12]. Sin embargo, esto se debe a que sus caídas en falso desde que llegó al puesto no han sido pocas, viéndose reflejado, por ejemplo, cuando hace algunos días partió de la premisa de una supuesta injerencia chilena en la llamada “colatón” que se dio en la ciudad de Bogotá, específicamente en diferentes portales y estaciones de Transmilenio. Gran imaginación que busca asumir a Colombia como una sociedad pacífica y sin contradicción en la cual la mejor explicación a sus problemáticas internas se debe a alguna alianza internacional para afectar el sistema de transporte capitalino, llegando a esta conclusión seguramente producto de cualquier conversación que pudo tener un joven colombiano por internet.

 

Y este no es el único traspié que se puede considerar reciente por parte de Molano[13], teniendo en cuenta la polémica desatada con Irán que pudo generar serias implicaciones en las relaciones de Colombia. Es frente a todas estas situaciones donde se puede evidenciar la búsqueda de protagonismo del ministerio de defensa ante cuestiones que podrían tener un mejor tratamiento eminentemente diplomático a través de la cancillería y no con la perspectiva tan problemática desde lo militar, por medio de la cual se plantean las afectaciones a la seguridad nacional y la responsabilidad de algunos actores externos a nivel internacional, tan nombrados siempre que ocurre algo en el país por parte de Molano, donde sobresalen los regímenes no democráticos y la injerencia de potencias ajenas al hemisferio, por lo que se va formando un discurso que resalta la “infiltración de agitadores” provenientes del extranjero para alterar el orden y la seguridad en Colombia.

 

 

Lo anterior hace suponer que el gobierno construye un nuevo problema de seguridad a través de la securitización, concepto que según Arlene Tickner hace referencia a “la incapacidad o la falta de voluntad de las élites para resolver ciertos problemas dentro de los canales políticos normales en función de la existencia de amenazas externas a su soberanía y seguridad”[14], donde el ministro toma los problemas internos como resultado de intromisiones externas enfocándose en un tratamiento militar que, como señala Tickner, deja a un lado los canales políticos o diplomáticos. Es así cómo se desvían las verdaderas cuestiones de seguridad en el país gestando configurando una enemistad poco diplomática con un país como Irán que queda a 13.000 kilómetros o yéndonos más cerca a solo 877 km con Venezuela, donde se advierte recientemente de las acciones de cooperación entre las fuerzas de seguridad venezolanas y rusas, donde se afirma que todo tipo de acciones criminales y disputas entre grupos criminales están ocurriendo, afirmando además, que esto es materia de conocimiento en Colombia y a nivel mundial (Voz de América, 2021)[15], y según el ministro desplegando la fuerza pública para “proteger a los colombianos” en la frontera sin considerar la desproporción de fuerza entre una potencia como Rusia y las fuerza efectiva colombiana. Es así, y como se mencionaba anteriormente, que se evidencia que para el ministro de Defensa la relación de estos sucesos externos se debe tratar como cuestiones internas, politizando así las relaciones de la nación.

 

Para concluir, es evidente que durante el gobierno del presidente Duque, Colombia ha buscado figurar en el escenario internacional no solo como el principal aliado de Estados Unidos, sino como un país que toma la iniciativa frente a la construcción de un problema de seguridad con su vecino Venezuela a través del “cerco diplomático”. Adicionalmente, es necesario resaltar la incidencia del grupo de Lima, que ahora con el clima internacional tenso gracias a la situación en Ucrania, busca insertarse en la dinámica respaldando los temores de Estados Unidos por la influencia rusa en Venezuela y marcando como “enemigos” a los países que se enfrentan a sus aliados, en este caso Irán o Rusia. Es por esto, que las actuaciones del ministro de Defensa no es algo que se deba pasar por alto tan fácilmente, siendo él la muestra clara de cómo lentamente Colombia ha venido apostando a una estrategia algo riesgosa en el ámbito internacional: la idea de tejer enemigos externos, de ideologizar su política exterior a unos niveles que incluso rebasan la clásica distinción izquierda/derecha. Lo que hace Molano, que también se explica por la manera de abordar los asuntos internos, demuestra no solo que no hay una estrategia realmente clara frente a estos asuntos globales, sino que además se carece de una coordinación entre ministerios lo que resulta en una búsqueda de protagonismo, una falta de coherencia, y una diplomacia de micrófono que puede tener efectos vitales en caso de una escalada de tensiones entre las potencias.

 


[1]Human Rights Watch (26 de abril de 2021). Venezuela: Atrocidades por fuerzas de seguridad en la frontera con Colombia. Recuperado de https://cutt.ly/OIAXZ1g

[2] El Tiempo (14 de enero 2022). Inteligencia confirma que Rusia coopera con Venezuela': Mindefensa. Recuperado de https://cutt.ly/3IAX7b7

[3] Portafolio (10 de noviembre de 2021). Análisis: ¿qué pasará tras la afirmación del Mindefensa sobre Irán? Recuperado de https://cutt.ly/gIACsVP

[4] Voz de América (13 de enero de 2022). Diplomático ruso no descarta despliegues en Cuba y Venezuela. Recuperado de https://cutt.ly/sIACbCm

[5]

[6] Sabbagh, D. (28 de diciembre de 2021). Cómo una promesa a medias de la OTAN alimentó la crisis de Ucrania. The Guardian. Recuperado de https://cutt.ly/YIACRyh

[7]Chance, M. y Smith-Spark,L. (6 de enero de 2022). Tensión entre Rusia y Ucrania: lo que debes saber. CNN. Recuperado de https://cutt.ly/8IACXG8

[8]Simsek, A. (18 de enero de 2022). La OTAN invita a Rusia a nuevas conversaciones para evitar una guerra en Ucrania. Anadolu Agency. Recuperado de https://cutt.ly/NIAC87C

[9]Ocando, A. (13 de enero de 2022). Ocho claves para entender por qué Rusia haría un despliegue militar en Venezuela. Voz de América. Recuperado de https://cutt.ly/3IAVa4J

[10]Moreno, M. (2 de julio de 2020). Tribunal ordena frenar operaciones de militares de EE. UU. en Colombia. El Tiempo. Recuperado de https://cutt.ly/qIAVvzO

[11]El Espectador (3 de noviembre de 2021). Pedagogías extrañas en el ministerio de defensa. Recuperado de https://cutt.ly/oIAVPyj

[12]Torrado, S. (30 de diciembre de 2021). Un año fatídico para las fuerzas de seguridad de Colombia. El País. Recuperado de https://cutt.ly/cIAVVuD

[13]Portafolio (10 de noviembre de 2021). Análisis: ¿qué pasará tras la afirmación del Mindefensa sobre Irán? https://cutt.ly/xIAV6ts

[14] Tickner, A. (2005). La securitización de la crisis colombiana: bases conceptuales y tendencias generales.Colombia Internacional, 60, 12-35. https://revistas.uniandes.edu.co/doi/abs/10.7440/colombiaint60.2004.01

[15] Voz de América (14 de enero de 2021). Colombia alerta de las "acciones de cooperación" entre Rusia y las fuerzas de seguridad venezolanas https://cutt.ly/5IABSAk