Nicolás Martínez P.
OPRIC
Por estos días ha estado muy nombrada la controversia que tiene Reino Unido y Ecuador frente al asilo otorgado por este último país a Julian Assange. Desde el 19 de junio el fundador de Wikileaks ha permanecido en la sede diplomática ecuatoriana en Londres, en donde luego, se le concedió asilo diplomático el 16 de Agosto por un posible riesgo a su vida y su integridad personal. Este se apela, como se ha mencionado ya numerosas veces, debido a una posible extradición desde Suecia a Estados Unidos.
En este primer país Assange es requerido por la justicia por delitos sexuales, mientras que en el segundo país no ha sido requerido explícitamente, pero si se dice, podría ser pedido por delitos informáticos, de espionaje y de ‘alta traición’.
La historia de este caso tiene varios puntos de vista: El de Reino Unido, y Suecia hacen énfasis en que Assange será extraditado como parte de un proceso de investigación por un delito sexual –haber tenido sexo sin preservativo, y no violación como algunos han sugerido- y por lo tanto esto nada tiene que ver con una persecución política; sumando además que las autoridades suecas han dicho que el ciudadano australiano no sería extraditado a un tercer país, en donde su vida corriera peligro –pena de muerte en Estados Unidos-, ni tampoco por haber cometido delitos políticos –espionaje, alta traición-, todo esto de acuerdo a la convenciones suscritas por Suecia en el marco de la Unión Europea.
El punto de vista de Ecuador y el del propio Assange, es que hay un posible riesgo y persecución política, todo como consecuencia de los enlaces revelados por Wikileaks. Por lo tanto Assange permanecerá en la embajada ecuatoriana hasta que Reino Unido del salvoconducto para que éste pueda salir del país,
Todo queda enfrascado entonces en un juego de voluntades, en donde el primer actor que ceda, Reino Unido dando el salvoconducto, o Assange pisando territorio británico, será quien termine por resolver la situación. En este caso, es evidente la superioridad de las autoridades británicas frente a la resistencia física de Assange de poder permanecer encerrado dentro de una estrecha sede diplomática; sobre todo teniendo en cuenta la larga trayectoria de estrategia y manejo de realpolitik del Estado inglés; cosa que se ha dado en variadísimos temas de relaciones internacionales: desde su postura de no negociación frente a Malvinas, pasando por todas sus posesiones en ultramar, antes oficiales colonias, llegando hasta ser uno de los países reclamantes de otro territorio que parece nada tiene que ver con la geografía británica: la Antártida.
No obstante esto, por esta misma realpolitik, Reino Unido cometió un error garrafal dentro del Derecho Internacional Público: Haber amenazado con violar una sede diplomática amparada, como todas las sedes diplomáticas, por el Convenio de Viena. Esto despertó el rechazo de la comunidad internacional, empezando por los países latinoamericanos encabezados por Ecuador, y apoyados por el ALBA, Unasur e incluso la OEA.
Este último organismo -que no sólo contiene países latinoamericanos- tomó una postura, construida a partir de las discusiones llevadas a cabo el pasado viernes 24 de Agosto por parte de los cancilleres y representantes de los países del continente americano: Traer a colación el Convenio de Viena para recordar que las sedes diplomáticas son inviolables; y además sugerir que el tema sea tratado de manera bilateral entre Ecuador y Reino Unido.
Estas declaraciones reflejan un consenso de casi todos los países americanos –Estados Unidos y Canadá no se opusieron pero tampoco estuvieron a favor- frente a esta coyuntura de Derecho Internacional, incluyendo a Colombia. La Canciller Holguín también fue enfática en las inmunidades diplomáticas y en el deber de los Estados de resolver sus conflictos bilateralmente, no dejando de apoyar a Ecuador en su reclamo por la nota de amenaza, pero tampoco convirtiéndose en mediador como en ocasiones intenta ser.