Ángela María Hernández
OPRIC
Sin duda alguna, uno de los asuntos que reviste mayor interés para el actual escenario de la política internacional colombiana es el desarrollo de la mesa de diálogo para la terminación del conflicto armado entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC. Ésta especial atención por parte del gobierno del presidente Juan Manuel Santos rebasa la idea misma de alcanzar una salida negociada al conflicto armado interno, ya que si esta solución se alcanzara, Colombia vería transformadas sus posibilidades y estrategias de relacionamiento en el escenario internacional, entre ellas, algunos analistas han hecho referencia a una posible solución al problema fronterizo que le ha generado a Colombia y sus vecinos grandes costos políticos, económicos y sociales, así como la oportunidad de reforzar sus relaciones con diferentes organismos de integración regional, las cuales ven con ojos esperanzadores el actual proceso de negociación con las FARC.
Al respecto, como se ha destacado en diversas oportunidades, el gobierno venezolano bajo la dirección de Hugo Chávez ha hecho hasta el momento valiosos esfuerzos por acompañar al país hacia una salida negociada del conflicto que también ha afectado al vecino país, con el que comparte más de 2.219 kilómetros de una frontera que además de extensa es porosa. Ahora con la muerte del mandatario venezolano, quién se aseguró de manejar de manera directa y casi que personal los asuntos de política internacional de su país, la pregunta que se hace la mayoría es si este suceso puede generar algún tipo de cambio importante en el proceso de acompañamiento que Venezuela viene haciendo a los diálogos entre el Gobierno Colombiano y las FARC, el cual ya se encuentran en su segunda fase.
En el interés de generar algunas claves para este debate, resulta importante recapitular el papel que Hugo Chávez desempeñó en diferentes oportunidades para propiciar acercamientos entre el gobierno colombiano y las FARC. Esta línea de incidencia se remonta al instante mismo en que Chávez fue elegido como presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Fue así como en el marco de los diálogos del Caguán en 1999, Chávez expresó públicamente su interés por que esta guerrilla se sentara en una mesa de diálogo con el gobierno del entonces presidente Andrés Pastrana[1]. Sin embargo, las relaciones entre los dos países se vieron afectadas en el año 2001 tras la negativa de Venezuela de deportar a Colombia a José María Ballestas, entonces integrante del ELN, grupo con quien al parecer, Venezuela sirvió como intermediario para buscar una salida negociada al conflicto con el gobierno colombiano en el año 2007.
Así mismo, en el año 2005 una crisis diplomática se propició entre ambos países por la presunta detención ilegal en territorio venezolano del jefe de las FARC alias “Rodrigo Granda”, quien argumentó, se encontraba visitando el vecino país a fin de lograr acercamientos para un posible liberación de personas que permanecían secuestradas por esta guerrilla, con la mediación del presidente Hugo Chávez. Este evento, devino en la prohibición por parte del entonces presidente Álvaro Uribe, de cualquier intermediación del gobierno venezolano a favor de la liberación de secuestrados. Finalmente, en el año 2008, el gobierno de Hugo Chávez rompió relaciones diplomáticas con Colombia, tras el bombardeo al campamento del ex jefe de las FARC alias “Raúl Reyes” en territorio ecuatoriano, acto que fue acompañado por la movilización de tropas venezolanas a la frontera con Colombia. Ese mismo año ante la Asamblea Nacional de Venezuela, Chávez les envió uno de los mensajes más importantes tanto a esa guerrilla como al gobierno colombiano en su intención de mediar entre ambas parte, al solicitar públicamente el estatus de beligerancia de las FARC[2]. Para algunos analistas, esta última ha sido la más importante contribución de Hugo Chávez para lo que hoy son los llamados “Diálogos de la Habana”, pues el mandatario se habría empeñado en mostrarle a Colombia y a la región, que las FARC tenían las facultades políticas para sentarse en una mesa de diálogo; y a su vez, a este grupo guerrillero, que como en el caso de Chávez, la democracia representaba una opción viable de acceso al poder que implicaría el abandono de la lucha armada.
Con la llegada a la presidencia de Juan Manuel Santos, las posibilidades de que estas señales fueran acogidas de manera positiva por el gobierno colombiano, eran innegables. Durante la crisis diplomática a finales del gobierno Uribe, para muchos era evidente que el restablecimiento de relaciones con Venezuela necesitaba una mirada pragmática, que encausara por buen camino una posible mediación de este país para acordar la salida negociada al conflicto con las FARC. De este modo, no solo la reactivación de las relaciones en 2010 fue un gesto positivo para el proceso; a su vez, el nombramiento de María Ángela Holguín como canciller de Colombia, quién fuera embajadora en Venezuela, y el reciente nombramiento de Nicolás Maduro, ex Canciller venezolano, como vicepresidente de ese país, evidencia el buen momento diplomático en el que se han propiciado los diálogos de la Habana.
Es por eso, que en medio del debate público que ha generado el deceso del mandatario venezolano, tanto el presidente Santos y la Canciller María Ángela Holguín, como los negociadores de las FARC; han reconocido que sin la intervención de Chávez en la primera fase de diálogos exploratorios, hoy no sería posible hablar de una mesa para la terminación del conflicto armado. Incluso, el presidente Santos ha expresado que “el mejor tributo” para el difunto mandatario “es cumplir con ese sueño de llegar a un acuerdo del fin del conflicto y ver una Colombia en paz”[3]. Por su parte, el negociador de las FARC, alias “Marcos Calarcá” quién ofreció recientemente declaraciones ante un medio de comunicación, expresó que “sin la presencia y el impulso del presidente Chávez no estaríamos donde estamos (en La Habana) porque son muchas las cosas que facilitó”[4]. Así mismo, el guerrillero le aclaró a la opinión pública que los diálogos no son producto de las “manipulaciones o presiones” de Chávez, pues se consideran una guerrilla autónoma y que las intermediaciones de este gobierno hacen parte de su trabajo de relacionamiento internacional.
A pesar de los esfuerzos de ambas partes por evitar cualquier duda frente al proceso, es evidente que éste tendrá que soportar la incertidumbre por un posible desaliento en el acompañamiento al que se ha comprometido Venezuela desde la fase exploratoria, ante la probable continuación del chavismo en el poder en cabeza de Nicolás Maduro. Si bien este último fue encomendado por el desaparecido mandatario para encausar y profundizar el proyecto bolivariano; es posible que para las partes en el proceso, sobre todo para las FARC, no represente la confianza necesaria que por ejemplo implicaría una tercera fase de los diálogos, es decir, el momento de la implementación y verificación de los acuerdos que incluiría una posible desmovilización, reinserción en la vida civil y participación política de los miembros de las FARC.
Así mismo, si el chavismo llegase a evidenciar una división interna que deviniera en una crisis de gobernabilidad, Maduro tendría en sus manos la facultad de presionar y acelerar el proceso a favor de su legitimidad interna e internacional como acompañante del mismo.
En todo caso, ahora no puede quedar duda que todo dependerá más de la propia voluntad de las partes para buscar el fin del conflicto. Con o sin Chávez, la paz con las FARC tiene grandes impactos para ambos países, entre ellos afianzaría la imagen y confianza de la integración regional, podría eliminar el temor a una posible intervención estadounidense y en caso de que se avanzara en la posible participación política de ex guerrilleros, permitiría reafirmar como en el caso de Chávez, que la izquierda latinoamericana puede lograr cambios sociales por la vía democrática.
[1] En aquel momento, el presidente Chávez expresó "Si viene una columna guerrillera replegándose y llega a Guasdualito (Apure frontera con el Arauca colombiano) y entrega las armas y pide asilo, se lo daremos. A lo mejor yo converso con ellos para convencerlos de que el camino es la paz". En: http://www.eltiempo.com/politica/muerte-hugo-chvez-relacin-farc-y-venezuela_12644742-4
[2] Algunos analistas han anotado que la relación entre Chávez y las FARC estuvo marcada por la necesidad permanente de las FARC de buscar reconocimiento internacional como movimiento político beligerante, y por el interés del mandatario de cultivar su imagen internacional.
[3] El Espectador. “El mejor tributo a Chávez es que haya paz en Colombia: Santos”. Consultado el 06 de marzo de 2013. Disponible en: http://www.elespectador.com/noticias/politica/articulo-408484-el-mejor-tributo-chavez-haya-paz-colombia-santos
[4] El Espectador. “Sin el papel de Chávez no estaríamos en el proceso de paz: Farc”. Consultado el 07 de marzo de 2013. Disponible en:http://www.elespectador.com/noticias/politica/articulo-408814-sin-el-papel-de-chavez-no-estariamos-el-proceso-de-paz-farc