Christian Chacón Herrera
OPRIC
Las diferencias en la última negociación entre los representantes coreanos y colombianos en Cartagena congelaron el tratado comercial entre los dos países. Los desacuerdos en torno a los lácteos y los automotores pusieron en duda el acuerdo y ahora la continuación de las negociaciones quedó en manos de ambos gobiernos.
Muchas resistencias ha generado el TLC con Corea del Sur que ha venido negociando el gobierno colombiano. Tantas que industriales, sindicatos y académicos se han puesto en el mismo bando para buscar frenar la negociación bilateral. El motivo podríamos resumirlo en palabras del profesor Eduardo Sarmiento “Colombia se vería desplazada en todas las actividades industriales de alguna complejidad; ni siquiera podría competir en las áreas de transporte y textiles. La estructura industrial se reduciría alimentos, confecciones, agroquímicos y algunos productos metalmecánicos. El golpe sería peor que el de la apertura y el TLC con Estados Unidos. Significaría renunciar a otras dos décadas de industrialización”[1].
Nicolás Martinez P.
OPRIC
Muchos artículos de prensa abogan por el triunfo o por el fracaso de la VI cumbre de las Américas que tuvo lugar en Cartagena de Indias los pasados 13, 14 y 15 de Abril, de acuerdo a un sin número de criterios; sin embargo este espacio debe evaluarse en torno a su carácter; es decir, debe evaluarse como un espacio diplomático multilateral, en donde no se debe tener en cuenta la excentricidad, la seguridad, y lo banquetes del evento, sino más bien, las discusiones políticas que tuvieron lugar, y los acuerdos diplomáticos a los que se logró llegar, como en cualquier tema de relaciones interestatales.
Siguiendo este orden de ideas podría evaluarse también si valió la pena gastar –o invertir en palabras de la ministra- los 62 mil millones de pesos[1] que costó la cumbre, o si definitivamente no sólo fue un fracaso diplomático, sino también un desperdicio financiero. En este punto habría que tener en cuenta, como bien dice la ministra, que se hicieron tres cumbres y no una. No obstante, hay que dejar también claro, cuál era la cumbre más importante y de la cual se esperaban resultados, y cuales dos eran las cumbres secundarias y que iban a llevar discusiones a la principal, para que se tomaran decisiones y se lograran resultados.
Nicolás Martínez P.
OPRIC
La creación de una instancia independiente que lucharía contra el crimen organizado fue el mayor resultado de la reunión ministerial de los países de Unasur que tuvo lugar el Jueves 3 y viernes 4 de mayo en Cartagena de Indias.
La cita congregó a 27 ministros y seis viceministros de defensa, justicia, interior y de relaciones exteriores quienes llegaron a tres puntos de acuerdo, entre ellos: ‘1. Fortalecer la cooperación contra la delincuencia organizada transnacional en todas sus manifestaciones (...) 2. La creación de un consejo con el propósito de fortalecer la cooperación en materia de Seguridad Ciudadana, de Justicia, y la coordinación de acciones contra la Delincuencia Organizada Transnacional (...) 3. Recomendar la creación de un grupo de Trabajo que elabore con el apoyo de la Secretaría General de Unasur el estatuto y el plan de Acción de dicho Consejo’ [1]
Esto dejaría entonces a la expectativa la creación efectiva de dicho Consejo por parte de las jefas y jefes de Estado, y en esa misma medida la asignación de presupuesto a este mismo consejo, aspecto trascendental teniendo en cuenta que las declaraciones de buenas intenciones son las que más pululan en las relaciones interestatales y sobre todo en las organizaciones multilaterales, en contraste con los hechos reales.
Christian Chacón Herrera
OPRIC
En menos de dos semanas, Colombia y Argentina se han encontrado en una situación de amplia tensión. Aunque no se han hecho pronunciamientos diplomáticos ni desde los gobiernos de manera directa, temas como el de las Malvinas en la reciente Cumbre de las Américas en Cartagena y las declaraciones del presidente Santos respecto a la expropiación de Repsol-YPF en el marco de la visita de Mariano Rajoy al país, muestran que Colombia estratégicamente ha dejado de lado las relaciones con el país del sur.
“Aquí no expropiamos” dijo el presidente Santos ante la visita del presidente de gobierno español en su visita a Bogotá. Una afrenta clara a la decisión soberana del gobierno argentino de nacionalizar la petrolera YPF de las manos de Repsol, empresa española, que no venía pasando por un buen momento y de la cual los mercados ya venían hablando de sus “bonos basura” y una deuda sin respaldo. Este comentario de Santos (con una profunda intención estratégica) no pudo llegar en peor momento.
Adriana Mayela Hurtado Bautista
OPRIC
La semana pasada se desarrolló en la Corte Internacional de Justicia o también conocida como Tribunal de la Haya la primera ronda de argumentación por parte de Nicaragua y Colombia como parte del proceso generado a partir de la demanda interpuesta por el país centroamericano en el 2001 en materia de soberanía territorial y delimitación marítima entre las dos partes. La segunda ronda se llevará a cabo del 1 al 4 de Mayo, días durante los cuales tendrán lugar la réplica y dúplica de Nicaragua y Colombia respectivamente para que finalmente la Corte delibere y establezca su segundo y definitivo fallo en este proceso.
Este litigio ha cobrado gran importancia en primera instancia porque pone en juicio la soberanía que ha asumido nuestro país sobre esta zona a partir un tratado ratificado por ambas partes aproximadamente hace 82 años (Tratado Esguerra-Bárcenas firmado en 1928 y ratificado en 1930); y en segunda instancia porque la zona por la cual se discute tiene una carga valorativa muy alta en cuanto a la posible exploración y explotación de los recursos allí generados.